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miércoles, 24 de noviembre de 2010

La Corona de Adviento

La corona de adviento encuentra sus raíces en las costumbres pre-cristianas de los germanos (Alemania). Durante el frío y la oscuridad de diciembre, colectaban coronas de ramas verdes y encendían fuegos como señal de esperanza en la venida de la primavera. Pero la corona de adviento no representa una concesión al paganismo sino, al contrario, es un ejemplo de la cristianización de la cultura.
La corona de adviento se hace con follaje verde sobre el que se insertan cuatro velas. Tres velas son violeta, una es rosa. El primer domingo de adviento encendemos la primera vela y cada domingo de adviento encendemos una vela más hasta llegar a la Navidad. La vela rosa corresponde al tercer domingo y representa el gozo. Mientras se encienden las velas se hace una oración, utilizando algún pasaje de la Biblia y se entonan cantos. Esto lo hacemos en las misas de adviento y también es recomendable hacerlo en casa, por ejemplo antes o después de la cena. Si no hay velas de esos colores aun se puede hacer la corona ya que lo más importante es el significado: la luz que aumenta con la proximidad del nacimiento de Jesús quien es la Luz del Mundo. La corona se puede llevar a la iglesia para ser bendecida por el sacerdote.

La corona de adviento encierra varios simbolismos:
La forma circular:
El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida. Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas: Nos hacen pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo. Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.

Las manzanas rojas que adornan la corona: Representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

El listón rojo: Representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.
Primer Domingo de Adviento: Bendición de la corona y significado de ésta: Cristo es la Luz del Mundo, que viene a nosotros y nuestro corazón la anhela y la busca. La familia se reúne en torno a la Corona y se prende la primera vela.

Segundo Domingo de Adviento: La Esperanza por la cual confiamos en el Padre y en sus promesas, principal sentido del Adviento. Se encienden dos velas

Tercer Domingo de Adviento: La Purificación: Se encienden tres velas.

Cuarto Domingo de Adviento: La alegría del nacimiento de Jesús: Se encienden las cuatro velas.

miércoles, 4 de agosto de 2010

La Felicidad

¿Cual es la fórmula para la verdadera felicidad? Esa es la pregunta del millón. A través de los años, los humanos hemos tratado de responder esa simple y complicada pregunta.

Podríamos decir que los humanos trabajamos, estudiamos, nos esforzamos y socializamos no solo por la supervivencia o por la propagación de genes, como es con los animales. Nosotros hacemos todas estas actividades por una razón: ser felices.

El problema es cuando nuestro trabajo y esfuerzo no resultan positivos. Podríamos caer en el error de pensar “no seré feliz porque nada me sale bien”. Pensemos… ¿Qué pasaría si nada de lo que hiciéramos resultara exitoso? ¿Qué seria de nosotros si todas las amistades y relaciones que tuviéramos se acabaran? ¿Seguiríamos siendo felices?

Eso me pone a pensar… ¿Porque será que con mucha regularidad cambiamos nuestro estado de ánimo? ¿Cual es la razón por la que en momentos bonitos nos volvemos felices y en momentos feos nos ponemos tristes? ¿Será que realmente nuestra felicidad tiene que depender totalmente de nuestros éxitos o fracasos?

Consejos de personas llenas de sabiduría y la poca experiencia que he adquirido me han hecho llegar a una conclusión: la felicidad depende totalmente de la actitud. No puede depender de mi contexto económico, de los resultados en mi formación académica, de la cantidad de amigos que tengo, de la aceptación que tengo con otros, o de la situación con mi pareja o familia. Repito: la felicidad depende de la actitud. Yo decido si voy a tener una buena actitud en la adversidad, yo decido si voy a permanecer feliz a pesar de las circunstancias.

No hay que hacer las cosas para ser feliz, hay que ser feliz para hacer las cosas. Por supuesto que como humanos podremos sentir tristeza, desanimo o frustración en algunos momentos, pero la clave radica en no dejar que esos sentimientos reinen en nosotros y menos que nos hagan tomar decisiones. ¡Seamos positivos!

No busquemos la felicidad, nosotros ya la tenemos. Solo es cuestión de decidir usarla y no cambiarla por cualquier otro sentimiento. No debemos confundir y pensar que Dios nos hará felices. El nos quita la tristeza, desanimo o frustración, pero nosotros decidimos generar la felicidad. El nos puso una semilla de felicidad en el corazón y nosotros debemos hacerla crecer, cuidarla y velar que no muera.

¿Cual es la fórmula para la verdadera felicidad? No hay formula. La única manera es decidir tener una buena actitud.